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jueves, 3 de noviembre de 2016

UNA BELLA HISTORIA


Hoy os comparto este vídeo emocionante. Me pareció precioso, por la historia, por sus protagonistas y por su desenlace, positivo. 
A menudo tenemos noticias más bien pesimistas u oscuras. Este corto me pareció una oda a la superación, y a la esperanza. Como es más fuerte  el creer en una idea que el peso de todo lo demás,  las circunstancias, las opiniones de los otros,.... 
Aunque el mundo está poblado de Sanchos, quiero pensar que siempre habrá hueco para los Quijotes.
Lo comentamos mañana...







domingo, 22 de noviembre de 2015

PENSIONISTA OFRECE 5000€ A QUIEN CONTRATE A SU HIJO EN PARO, RET

Esta noticia apareció a principios de septiembre en un periódico de Aragón "El Heraldo". Noticias insólitas sobre la búsqueda de empleo hemos tenido muchas a lo largo de estos años de crisis económica. Esta es, yo creo que de las más "chocantes", por la desesperación que entraña el ya tener que pagar por trabajar. ¿Qué os parece a vosotros? ¿Creéis que estamos recuperándonos de la crisis? En vuestro sectores ¿notáis más ofertas de trabajo?



VIRGINIA MARTÍNEZ El Heraldo de Aragón  2 SEP 2015 






Entre anuncios clasificados de préstamos, servicios de reparación y citas a ciegas, un pensionista de 68 años ofrece 5.000 euros. Pero no busca compañía, sino ayudar a su hijo, en paro desde hace un año. La desesperanza llevó a Antonio —nombre ficticio— a ofrecer dinero a cambio de un puesto laboral para su descendiente, de 39, que no conseguía encontrar trabajo. Desde este viernes, cuando publicó el reclamo en el periódico El Heraldo de Aragón, el jubilado, que nació en Madrid y vivió 18 años en la región aragonesa, ha recibido propuestas de 20 empresas, pero él prefiere mantenerse con los "pies en la tierra".

"Pensionista ofrece 5.000 euros a empresa que contrate a su hijo en paro, cualificado, responsable y trabajado ...", reza el anuncio. Antonio pensó que la oferta "era la única salida". Su hijo, casado y con un pequeño de cinco años, lleva encadenando contratos temporales desde que hizo la selectividad y ha pasado por diversos sectores, desde empresas de informática, hoteleras o alimenticias. En septiembre de 2014 fue despedido de su último trabajo. Llevaba siete años en el departamento de mantenimiento de una química, pero una nueva "remesa de empleados jóvenes provocó que le echaran a la calle". Desde entonces, busca otro puesto sin descanso. Es uno de los 4.067.955 desempleados registrados en España este agosto, después de aumentar en 21.679 personas el mes pasado.

Antonio, que era abogado y trabajaba para la Administración, cobra la cuota de pensión más alta, unos 2.500 euros. Pero con esa cantidad tiene que sostener tanto su hogar como ayudar a sus cinco hijos a salir a delante. Su mujer está muy enferma, y los cuatros descendientes que sí trabajan son "mileuristas", a los que les cuesta llegar a final de mes, cuenta el jubilado. Pero el caso más sangrante es el del menor, que vive en Zaragoza con su familia. Su nuera trabaja en el sector alimenticio, pero "apenas les da para la hipoteca".

"Pensé en 5.000 euros como una cifra redonda, pero estoy dispuesto a dar más". A Antonio le es indiferente si su hijo consigue cualquier trabajo como empleado o si alguien les plantea un buen proyecto para emprender. Él lo que quiere es que salga del pozo en el que se encuentra. En menos de una semana ha recibido 20 llamadas, pero ninguna de las empresas ha preguntado por el dinero. Solo piden el currículum de su familiar y entrevistarle para el puesto. Las entidades pertenecen a diversos sectores: químico, hostelería, de diseño gráfico, aseguradoras y un medio de comunicación, entre otros. El 99% son de Zaragoza, donde vive su hijo y donde se publicaEl Heraldo de Aragón. Pero Antonio prefiere ser cauto: "Detrás de cada puerta no sabes quién está".

Lo curioso es que Antonio publicó el anuncio sin que su hijo supiera nada. Él le informó horas antes de que el periódico llegara a los quioscos. "Se enfadó mucho conmigo, no quería que le identificasen en Zaragoza. Le parecía algo indigno y hasta vergonzoso, pero después de hablar largo tiempo con él, me dijo: 'Eres el mejor padre del mundo", relata el jubilado. Su familia está "expectante" ante las 20 empresas que han llamado a su puerta. El anuncio, por el que Antonio ha pagado 90 euros en total, se publicó el pasado viernes, sábado y domingo, y volverá a repetir en los mismos días de esta semana. Por lo que los aragoneses que abran el diario este fin de semana encontrarán el reclamo nuevamente.

El diputado de Ahora Podemos en las Cortes de Aragón y líder de la formación en la comunidad, Pablo Echenique, se ha hecho eco del caso y ha publicado este miércoles en la red social Twitter una foto del anuncio, bajo el tuit: "En los clasificados del periódico, la 'recuperación' de Mariano Rajoy". Antonio bromea con la repercusión que ha tenido su iniciativa: "No me extraña, pero el día que reventemos todos voy a ser trending topic de ese". El pensionista no está de acuerdo con la gestión que los sucesivos ministros de Trabajo han hecho de la crisis y denuncia la presión a la que está sometida su colectivo. "Nosotros soportamos a los cuatro millones de parados. La situación laboral no puede seguir así. Antes los jubilados ayudábamos con los nietos, pero ahora nos toca mantener a ellos y a nuestros hijos, lamentablemente".

martes, 13 de octubre de 2015

LA FALTA DE COMPAÑERISMO AFECTA AL RENDIMIENTO LABORAL

En clase de RET, estamos hablando de la comunicación y de los ambientes laborales, y están surgiendo bastantes debates, ya que muchos de vosotros estáis trabajando o habéis trabajado y podéis hablar por experiencia propia. Os comparto este artículo del periódico Expansión del 27 de agosto, un artículo escrito por Arancha Bustillo. ¿Cuál es vuestra opinión al respecto?



En un momento en el que el trabajo en equipo es una de las habilidades más demandadas entre los seleccionadores, el individualismo sigue afectando a ciertas plantillas huérfanas de un buen liderazgo.

En el fútbol, la falta de compañerismo puede suponer una derrota en cualquier partido. Los individualismos de ciertas estrellas del balompié en grandes equipos como el Real Madrid le han hecho perder encuentros de relevancia. Una situación inadmisible en cualquier empresa que defienda el trabajo en equipo como un factor esencial en el rendimiento de la plantilla. Pero este mal existe en algunas organizaciones y, en la mayoría de las ocasiones, la falta de liderazgo alimenta esta situación.

Para evitar equipos desestructurados hay que poner mucha atención a la selección

La ausencia de camaradería en algunos equipos provoca mal clima laboral: "Se generan situaciones conflictivas, corrillos y bandos e, incluso, colaboradores que deciden ir por su cuenta y a su propio ritmo", advierte José Luis Pascual, sénior manager de Page Consulting. Una situación que, a no ser que sea buscada por la compañía, frena el rendimiento de la plantilla, porque "no hay comunicación y desvincula a los profesionales de la empresa, que pueden terminar planteándose su marcha", explica Noelia de Lucas, directora comercial de Hays España.

Reconoce al tóxico:Los perfiles que fomentan esta situación suelen buscar adeptos entre los más débiles

Cuando se descubre falta de compañerismo en un equipo, normalmente suele estar motivada por un colaborador en cuestión que, "o bien peca de individualista y cree que su plan de desarrollo es más importante que el de la empresa, se cuelga medallas y pone zancadillas para promocionarse;o tiene miedo de compartir información con el resto de compañeros", indica Pascual, que también añade que cuando sucede este último caso es porque la cultura de la organización lo promueve. Porque, aunque parezca mentira, en algunas empresas y, en concreto, en ciertos equipos, el jefe fomenta este tipo de comportamientos al considerarlos una muestra de competitividad. "Aunque también puede pasar que el responsable de la plantilla deje que ocurra esta falta de compañerismo porque no sabe gestionar a sus colaboradores", apunta De Lucas, que también asegura que "cuando hay falta de camaradería es necesario mirar al líder, que es quien marca las funciones de cada uno y quienes deben evaluar a sus colaboradores. Los jefes que no afrontan el problema es porque tampoco saben gestionar los conflictos". Poner remedio cuando el problema es evidente no es tarea fácil. Encarna Maroño, directora de recursos humanos de Adecco, aconseja que "el jefe tome el control, identifique, de nuevo, la posición de cada uno dentro del equipo, los objetivos del grupo, lo que se espera del mismo, de cada uno de ellos y para cuándo. Además, será muy positivo establecer momentos periódicos en los que poner en común los avances realizados, detectar si la plantilla ha vuelto a conectarse y si todos los colaboradores están trabajando como un equipo y no como un grupo".

La falta de camaradería genera un clima laboral tenso en el que es difícil trabajar.

El problema muchas veces es que este tipo de personajes de oficina "suelen ganar adeptos, porque saben que solos no tienen fuerza. Proyectan su influencia sobre los más débiles y así ganan aliados", advierte De Lucas, que también avisa de la doble cara que tienen algunos de estos especímenes: "en grupo y en público ponen su mejor cara, sonríen y son corporativos,pero luego hacen pasillo". Por eso mismo, en la mayoría de los casos los compañeros no denuncian la situación, pese a que el mal ambiente en el trabajo sea palpable. Además, "normalmente cuando un compañero llama la atención a otro no surte el efecto deseado, porque no hay un poder jerárquico", recuerda José Luis Pascual. De ahí la importancia en la selección del equipo. Maroño cree que en el momento del reclutamiento "hay que prestar especial atención a las personas que colaborarán juntas y lo que se espera del equipo que formen. Unos objetivos claros y un rol bien definido ayudan considerablemente a que estos riesgos se minimicen. Dedicar tiempo al inicio para que se conozcan entre sí, entender cuál es el cometido de cada uno y compartir sus fortalezas y debilidades ayudará a crear un clima de confianza y garantizará siempre los mejores resultados". Un equipo desestructurado no fomenta la competencia, crea desarraigo y falta de motivación. Lo que se traduce en bajo rendimiento.
Elige al personaje más tóxico de la oficina

Los hay para todos los gustos. Están los que se quejan por todo, los que adulan al jefe, los que se cuelgan medallas que no se merecen y los que no se enteran de nada. Especímenes con los que convives habitualmente en tu lugar de trabajo, aunque no te hayas fijado. También pululan, en algunas empresas, los llamados vampiros emocionales, que son personas que siempre tratan de sacar ventaja en cualquier situación, capaces de darle la vuelta a cualquier circunstancia y que tienen el poder de sacar de quicio y robar la energia a sus compañeros.

¿Crees que son los peores? Depende, porque quizá te irrita el típico pesado que se pasa la mayor parte del horario laboral gastando bromas e interrumpiendo el trabajo de los demás;o el 'sabelotodo' que se meterá en las conversaciones de los demás para dar a conocer su punto de vista que, considera, es el acertado.

En la oficina puedes encontrarte también al irresponsable, que suele pasar de todo; al inseguro, que te endosará su trabajo, porque despierta empatía y un cierto sentimiento de ternura; y al veterano o superviviente, que esgrime sus años de trabajo como arma arrojadiza y le cuesta reconocer méritos de personas que no lleven tanto tiempo en la empresa como él. Puede, incluso, que haya aspectos de estos personajes que veas reflejados en ti mismo, aunque no lo reconozcas. Es algo normal, lo importante es no convertirse en un personaje de oficina, en un 'cliché', alguien a quien se le pueda etiquetar y de los que los demás huyan.

jueves, 14 de mayo de 2015

LAS APARIENCIAS ENGAÑAN...

Estamos en un momento de la sociedad, en la que va todo muy deprisa. Los periódicos se leen cada vez más, de forma digital, con lo que la mayor parte de las veces se miran sólo los titulares, y no se profundiza en el contenido de la lectura, y con las personas.... pues según mi opinión sucede lo mismo. A menudo nos quedamos en la imagen que proyecta un individuo y etiquetamos... Es muy injusto... pues seguramente estamos perdiendo oportunidades de conocer a personas interesantes... simplemente por la banalidad de las relaciones.

En los entornos escolares y laborales... también desgraciadamente se clasifica. Es más fácil simplificar en cuatro adjetivos a un trabajador, que hacer el esfuerzo de conocerlo. Por eso en los métodos de selección como entrevistas de trabajo, se pierden grandes talentos, ya que es imposible poder conocer el potencial de una persona... sólo en diez minutos de preguntas...

Esto es difícil de cambiar y todos en algún momento u otro hemos funcionado así. Pero si, que es interesante hacer el ejercicio de dar una oportunidad a la gente... a pesar de las apariencias.

Os pongo un vídeo de "talentos en la tv británica", en la que el jurado sólo con ver a las 5 personas que van a actuar... mayores, un poco entrados en carnes y con ropa "rancia", ponen caras, de... que vamos a ver.... Y la evolución de sus rostros cuando se van sorprendiendo de la maravillosa actuación que realizan.

¿Quién no ha funcionado así alguna vez?





miércoles, 24 de diciembre de 2014

SIEMPRE MIRA EL LADO BRILLANTE DE LA VIDA, FOL



FELICES VACACIONES!!! DESCANSAD, Y EMPEZAD EL AÑO CON MUCHA ILUSIÓN.

En estos tiempos de tanto pesimismo y malas noticias, se qué es difícil ser positivo y tener una mirada limpia ante las cosas, pero creo que sí se puede, o por lo menos debemos intentarlo...

Os dejo este magnífico fragmento de una película muy divertida y muy vieja que se llama la "Vida de Brian" de los inigualables Monty Pithon., que os recomiendo ver entera.


 




lunes, 12 de mayo de 2014

¿POR QUÉ SOMOS TAN OBEDIENTES?


BORJA VILASECA 11 MAY 2014 - 00:00 CET. EL PAIS



A principios de los años sesenta, el psicólogo norteamericano Stanley Milgram llevó a cabo una serie de experimentos con la finalidad de poner a prueba la predisposición del ser humano a la hora de obedecer las órdenes de una autoridad, aun cuando estas pudieran entrar en conflicto con su conciencia personal. El equipo de Milgram puso una serie de anuncios en el periódico en los que se reclamaban voluntarios para participar en un Estudio sobre la memoria y el aprendizaje en la Universidad de Yale. Se apuntaron 40 participantes de edades y estratos sociales diferentes. Todos ellos ignoraban que iban a formar parte de un experimento.


Este requería de tres personas: el director del estudio, el alumno y el profesor. Los dos primeros eran actores compinchados con el equipo de Milgram. El director del estudio (que lucía una bata blanca) comenzaba explicándoles a los otros dos participantes que la función del “profesor” consistía en aplicar una descarga eléctrica al “alumno” cada vez que fallara una pregunta. Seguidamente simulaban un sorteo para repartir dichos roles, de manera que a la persona que actuaba como “cobaya del experimento” siempre le tocara el papel de profesor.

El que no es dueño de sí mismo está condenado a obedecer”
Friedrich Nietzsche
A continuación, el director del estudio sentaba al actor que interpretaba el rol de alumno en una especie de silla eléctrica, atándole para “impedir movimientos excesivos”. Se le colocaban unos electrodos en su cuerpo con crema “para evitar quemaduras”, y se remarcaba que las descargas podían llegar a ser “extremadamente dolorosas”. Mientras, el voluntario observaba la escena con una mueca de desconcierto. Luego el director del estudio lo acompañaba a la habitación contigua, separada por una fina pared. Si bien no podían verse, alumno y profesor se escuchaban el uno al otro perfectamente.

Nada más empezar, los dos participantes recibían una descarga real de 45 voltios con el fin de que el cobaya que hacía de profesor comprobara por sí mismo el tipo de dolor que iba a recibir el pupilo cada vez que fallara una pregunta. Justo después, el investigador –sentado justo al lado del voluntario– le proporcionaba el material didáctico que debía emplear para potenciar la memoria y el aprendizaje del alumno. Se trataba de un test con respuestas múltiples. Si la contestación era errónea, el pupilo recibía del profesor una primera descarga de 15 voltios, la cual iría aumentando en intensidad hasta los 450 voltios. Si era correcta, pasaría a la siguiente pregunta.

En este experimento liderado por Stanley Milgram, el actor que interpretaba el rol de alumno había sido previamente aleccionado para simular dolor y sufrimiento. Sin embargo, el voluntario que hacía de profesor estaba convencido de que iba a provocarle descargas eléctricas de verdad. Así, a medida que las descargas aumentaban en intensidad, el pupilo empezaba a golpear los puños contra la pared que le separaba del profesor. Al llegar a los 150 voltios, se quejaba de su condición de “enfermo del corazón”, y luego, al superar los 270, casi agonizando, suplicaba entre sollozos el fin del experimento. Al traspasar los 300 voltios, el alumno simulaba una serie de espasmos, e incluso ciertos síntomas previos a sufrir una parada cardiaca.

Por lo general, cuando los cobayas que ejercían el rol de profesores alcanzaban los 75 voltios, se ponían nerviosos ante las quejas de dolor de sus alumnos y deseaban parar el experimento. Sin embargo, la férrea autoridad del investigador les hacía continuar. Al superar los 130 voltios, muchos se detenían y preguntaban acerca del propósito del experimento. Cierto número de voluntarios continuaba, asegurando que ellos no se hacían responsables de las posibles consecuencias.

En el caso de que el profesor expresara al investigador su deseo de no continuar, este le contestaba imperativamente con alguna de estas afirmaciones: “Continúe, por favor”. “El experimento requiere que usted continúe”. “Es absolutamente esencial que usted continúe”. “Usted no tiene opción alguna; debe continuar”. Si después de esta última frase el voluntario se negaba a proceder, se paraba el experimento. Si no, se detenía después de que hubiera administrado el máximo de 450 voltios tres veces seguidas.

Las conclusiones del equipo de Milgram fueron las siguientes: todos los cobayas participantes pararon en cierto punto y cuestionaron el experimento. Sin embargo, ninguno de ellos se negó rotundamente a aplicar más descargas antes de alcanzar los 300 voltios. Aunque muchos se sintieron incómodos al hacerlo, 26 de los 40 voluntarios aplicaron la descarga máxima de 450 voltios…

Ninguno de nosotros hemos elegido nuestro lugar de nacimiento. Ni tampoco las oportunidades que nos ofreció nuestro entorno social y familiar. Lo cierto es que no es fácil sobrevivir a 16 años de sistema educativo. Hoy día, muy pocas personas conservan la intuición, la autenticidad y la creatividad innata con la que nacieron. Sin embargo, al entrar en la edad adulta somos libres para decidir nuestro propio camino en la vida.

Por más que a veces la presión de la sociedad pueda ser asfixiante, nadie nos ha apuntado con una pistola a la hora de elegir nuestros estudios, optar para un determinado empleo, solicitar una hipoteca, casarnos o tener hijos. Y entonces, ¿por qué en general somos tan obedientes? ¿Por qué hacemos lo que se supone que hemos de hacer, siguiendo al pie de la letra las consignas que nos propone el sistema?

La respuesta a estas incómodas preguntas es que estamos demasiado acostumbrados a recibir órdenes. Primero, de nuestros padres en casa. Luego, de los maestros en la escuela. Más tarde, de los jefes en el trabajo. Y finalmente, de los políticos en la sociedad. Parece que siempre son otros quienes señalan la dirección que han de tomar nuestras decisiones y acciones. Tanto es así que en general no utilizamos nuestra iniciativa hasta que alguien desde fuera nos dice que podemos hacerlo.

La obediencia consiste en vernos como instrumentos que ejecutan la voluntad de otra persona o institución y, por lo tanto, no nos consideramos responsables de nuestros actos” Stanley Milgram

Más allá de someternos sumisamente a la autoridad o de combatirla con violencia, existe un punto intermedio cada vez más adoptado por un mayor número de ciudadanos: la “desobediencia civil”. Su definición clásica, popularizada en 1849 por el filósofo Henry David Thoreau, alude al “acto de no acatar una norma de la que se tiene obligación de cumplimiento”. Esto es precisamente lo que hicieron, de forma pacífica, los últimos tres grandes líderes de la historia: Mahatma Gan­dhi (a favor de la independencia de India de Gran Bretaña), Martin Luther King (en pro de los derechos civiles para los afroamericanos en Estados Unidos) y Nelson Mandela, quien dedicó su vida para abolir la segregación racial (apartheid) en Sudáfrica.

¿Y qué hay de nosotros, los ciudadanos de a pie? Más allá de salir a la calle y protestar, el mayor acto de desobediencia civil consiste, por un lado, en tomar las riendas de nuestra vida emocional. Para lograrlo, es esencial que nos emancipemos de las expectativas inconscientes que nuestro entorno social tiene puestas sobre nosotros. Solo así podremos seguir la voz de nuestro corazón, convirtiéndonos en quienes estamos destinados a ser.

También es fundamental que aprendamos a hacernos cargo de nosotros mismos a nivel profesional, dejando de depender económicamente de las instituciones establecidas. Madurar pasa por comprender que en realidad no necesitamos de ninguna figura de autoridad, pues en última instancia cada ser humano es el principal autor de su propia vida. Por último, es imprescindible recordarnos de tanto en tanto que la única persona a la que hemos de rendirle cuentas es aquella a la que vemos cada mañana en el espejo.